Pues nada, ya véis que al final me he saltado a la torera el aislamiento internáutico que iba a tener en este encierro de trabajo. Pero es que un portátil de mi productor con conexión a la red resulta muy tentador, sobre todo cuando el hombre se marcha a dormir y me lo deja ahí delante todo encendidito y sin moros en la costa, juajuajua... Allá vamos.

Bueno... tengo que aclarar que el título de este 'post' es totalmente irónico, ¿eh?. Sí, es bien cierto que llevo ya tres días encerrado en este piso de las afueras, en Arteixo (a 12 kilómetros de mi añorada casita del centro y sus mundanas distracciones) pero es que aquí mis anfitriones me están tratando muy bien en mi cautiverio. Eso sí, Jose y Ana ya se han llevado una desagradable sorpresa conmigo: ¡¡jamás pudieron imaginar que yo devoraba tanta comida!! jajaja. (MORALEJA: Nunca déis por supuesto que un chico delgadito como yo lo es porque come poco. A veces las apariencias engañan y ahora estos no salen de su asombro al comprobar que apenas a un par de días de su GRAN COMPRA ya les he vaciado la nevera y media despensa... me siento avergonzado). Un segundo, que voy a por más jamón serrano...

Ya está. Sigamos. Ahora mismo es la madrugada del miércoles al jueves 8 de diciembre (alrededor de las 2 y pico) y debería estar ya en la cama y tratando de dormir, que los toques de corneta suelen ser entre las 7:30 y las 8. A ver quién me levanta mañana.

Hasta ahora todo ha sido muy productivo. El reto del encierro es tener listo un guión de decenas de páginas en cuatro días (o sea, de locos) y lo surrealista es que... ¡lo estamos consiguiendo! Y que está quedando muy bien. Tenía miedo al "horror vacuii" de última hora, pero menos mal: por ahora la inspiración me acompaña. Cuando me siento a gusto buceando dentro de una historia me cuesta menos retener a las musas. A ver qué pasa de aquí al viernes por la mañana, que será el momento de mi ansiado regreso a la urbe-urbe.

Es curioso como está creciendo esta zona de Arteixo en la que me alojo, que nunca fue precisamente lo más bonito de la comarca. Estoy en un moderno edificio de habitaciones enormes y por las mañanas lo primero que oigo desde mi cama es el canto de los gallos, como si estuviese en la más remota aldea ¡¡Me encanta!!. Abro la persiana y si me paro a contemplar todo el paisaje que ofrece mi ventana me encuentro con una mezcla brutal. Con el ambiente sonoro del graznido de los cuervos, ante mí hay (de izquiera a derecha): manzanas de bloques de pisos recién construídos huertas con lechugas y corrales de gallinas un frondoso fragmento de bosque ahí perdonado, la enorme chimenea de la refinería de Meicende humeando en el horizonte (que en ocasiones la niebla oculta misericordemente), más bloques de edificios, colinas verdes a lo lejos, y más cerca, las naves de la central de la todopoderosa Inditex (pensar que ahí dentro están planeando con qué van a embutir a los clientes de Zara, Pull&Bear, Bershka, etc..). Si cambio a la siguiente ventana la panorámica se completa con... uf, un pequeño cementerio super tétrico, todo lleno de nichos, y ya al final unas calles perpendiculares que sabe dios a qué carallo de descampado llegarán.

Pero no estoy aquí para contemplar las vistas. He venido para comer, navegar por internet a escondidas, mandar sms a mis amigos, revolver en la ingente colección de DVDs de mi señor productor... bueno, y también para eso de escribir un guión en cuatro días.

A ver qué pasa.